La guerra no tiene rostro de mujer

La Segunda Guerra Mundial fue el hecho que con mayor profundidad marcó el devenir histórico de la humanidad en el siglo XX. Sus impactos económicos, políticos y sobre todo, humanitarios, provocaron millones de muertes y pusieron al límite la supervivencia de otros millones más. La literatura, el cine, el teatro y en general todas las obras artísticas desde diferentes ángulos y puntos de vista, han plasmado los horrores con la que esta tragedia marcó la historia contemporánea.

Salvando al soldado Ryan, Bastardos sin gloria, El niño de pijama de rayas, entre otros filmes sobre esta temática tienen un denominador en común: la ausencia o marginación del papel de la mujer en este proceso bélico-político y social. Con excepción del libro El diario de Ana Frank, poco se conoce del papel que tuvieron las mujeres en los diferentes planos durante la Segunda Guerra Mundial.

Afortunadamente, fue una mujer quien puso el dedo en la llaga para poner fin o por lo menos, acotar la exclusión de la mujer en dicho evento histórico, se trata de la periodista bielurrusa Svetlana  Aleksiévich, merecedora del Premio Nobel de Literatura 2015. Su premiación sorprendió al mundo de las letras, por primera vez, una autora cuya línea es netamente periodística, se hizo del mayor reconocimiento literario del mundo. El empoderamiento de las mujeres se fortaleció cuando la Academia Sueca pronunció las siguientes palabras: “Ganadora del Premio Nobel por su obra polifónica un monumento al sufrimiento y al coraje de nuestro tiempo”.

Dentro de sus múltiples obras, destaca La guerra no tiene rostro de mujer, que da voz a muchas mujeres partícipes que por décadas estuvieron calladas ya sea por presiones políticas o presiones culturales. En este libro se recogen testimonios de mujeres que fueron parte del poco más de un millón (sí, un millón), de mujeres que formaron parte de las filas del ejército rojo soviético para combatir a las fuerzas del Eje de Berlín-Roma-Tokio, en pocas palabras es la voz femenina de la guerra.

Durante más de cuatro años, Svetlana rompió el cerco de la cerrazón política y social que censuraron las voces de las mujeres para glorificar a los hombres muertos en combate y rendir culto a la personalidad de los líderes comunistas, especialmente Stalin.  Mujeres que pasaron de ser estudiantes, obreras, amas de casa y campesinas a ser francotiradoras, operadoras de cañón, pilotos, auxiliares de aviación, soldadas rasos, las mismas ocupaciones de guerra de los hombres, y no sólo enfermeras o cocineras como las páginas de la Historia las describen.

9786073139625La guerra no tiene rostro de mujer ya está a la venta en librerías de México desde fines del año pasado bajo la línea editorial de Debate, en su prólogo de portada, aparece:

¿Qué les ocurrió? ¿Cómo les transformó? ¿De qué tenían miedo? ¿Cómo era aprender a matar? Estas mujeres, la mayoría por primera vez, cuentan la parte no heroica de la guerra, a menudo ausente de los relatos de los veteranos. Hablan de la suciedad y del frío, del hambre y de la violencia sexual, de la angustia y de la sombra omnipresente de la muerte.

A guisa de conclusión, este libro nos invita a reflexionar y discernir de manera profunda como las mujeres siempre han sido relegadas de los procesos políticos, bélicos, históricos y económicos que han configurado la Historia de la humanidad., el libro no busca la construcción de un imaginario colectivo de heroínas, sino más bien, de hacer un eco de la memoria colectiva de decenas de millones de mujeres que han sufrido en carne propia los estragos de las guerras y  conflictos armados que han sacudido al mundo y así, quizá, por lo menos germinar una semilla de conciencia y humanidad en la mente de las personas tanto para valorar la dignidad de las mujeres como para evitar que surja otra guerra de tales dimensiones.

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